Mi primer ordenador….
Finales de los 80, no recuerdo el año exacto.
Con mis padres, visitamos a mi tío Clemente. Él siempre había sido una persona distinta a mi padre. Siempre tenía detalles de persona adelantada a su época, por lo menos a lo que es mi familia.
Había comprado algo que nos cambió la vida a mi hermano y a mí. Allí, en un pequeño escritorio, yacía un moderno, reluciente y caro Amstrad CPC464.
Apenas lo tocamos, pero lo recuerdo como si fuera hoy.

Desde ese momento, fué nuestro principal anhelo. La presión hacia mis padres fué intensa. Promesas de estudio, de aprobados gracias al ordenador… hasta que, por Reyes, nos «cayó».
Allí estaba, en la mesa de la cocina, con su monitor de fósforo verde, su unidad de cinta incorporada, susteclas de colores, un manual gordo y un paquete de juegos de Amsoft, empresa dedicada al software de la propia Amstrad.
Dentro del paquete estaban «Animal. Vegetal, Mineral», el mítico «Oh Mummy», «Plaga Galáctica», «Almirante Graff Speed», «Gaunlet» o «Fruit Machine» entre otros. No recuerdo si eran 6 u 8 juegos en casette, relucientes, con portadas dibujadas y un marco color azul que los diferenciaba.

Para mis padres fué un esfuerzo enorme adquirir aquel «aparato» carísimo (unas 80000 pesetas, alrededor de 500€ actuales), sin saber para qué servía y para unos niños de 10-12 años sin conocimientos. Para nosotros una fuente de diversión y peleas por controlarlo.
Poco a poco, las visitas a una mítica tienda de discos llamada Memphis que existía de camino al colegio, eran constantes. Tenían un gran catálogo de juegos y el precio de éstos era por lo general «popular», 875 pesetas, unos 4,5€ de ahora. Algunos títulos más especiales costaban 1200 pesetas, unos 7€.
Cada dinero que recibíamos, cada peseta que conseguíamos, se ahorraba para comprar juegos… Incluso coaccionamos a mi madre (con su beneplácito, claro) para comprar juegos y devolverle el dinero… que nunca devolvíamos.
Uno de esos juegos que te marcan, y no porque lo jugáramos mucho, fué Arkanoid.
Mi padre se pasaba horas jugando por las noches, cuando nos íbamos a la cama. No era raro que estuviera hasta la 1 de la madrugada o más si era fin de semana. Mi madre, a su lado, comentando y dándo apoyo psicológico. Llegó al final del juego, una burrada de niveles, y reventó más de un Joystick.
Recuerdo que mi hermano y yo hicimos un esfuerzo y por su cumpleaños le regalamos «Arkanoid 2: Revenge of Doh», pero no caló. No le gustó.

Poco a poco, empezábamos a leer revistas de videojuegos, como Micromanía, y antojarnos de muchos de ellos, que después jugabas 3 días y dejabas en el cajón. Otros, sin embargo, nos dieron muchas horas de diversión.
«Carlos Sainz Rally», «Fernando Matín Basket», «Match Day 2», «Gaunlet», «Ikary Warriors»… En muchos jugábamos a dobles, cooperando o en contra. Mi hermano usaba el joystick y yo las teclas. Con algunos llegamos a crear ligas completas, apuntando resultados, clasificaciones….
En el colegio éramos unos privilegiados. Había 2 o 3 compañeros con el mismo ordenador y nos prestábamos juegos. Los demás compañeros nos miraban con una mezcla de envidia y admiración cuando hablábamos de ellos….
También recuerdo grabar cassetes con la típica doble pletina de los radiocassetes de entonces. No funcionaba siempre, pero era un puntazo cuando lo hacía te creías hacker…

El monitor, incluído con el ordenador, era de fósforo verde. Osea, todo era verde. Sin embargo en las revistas aparecía en color. Se trataba de un «modulador» que permitía enchufar el ordenador a la tv, ofreciendo toda una amplia gama de colores., mucho más rica que el famoso Spectrum.
Recuerdo alquilarlo alguna vez, y también nos lo dejó un amigo. Conseguirlo era muy complicado y caro, así que pese a intentarlo, nos quedamos en verde.
Aunque lo usábamos para jugar casi exclusivamente, más de una vez intentamos leer y aprender del «tocho» de manual que llevaba. Incluso hicimos un programa de los que llevaba. Después de dos o tres horas tecleando, intercambiándonos el puesto de escritura, conseguimos que funcionara, pero no conseguimos «salvarlo», lo que fué una decepción.
Lamentablemente, después de 2 o 3 años, el cabezal de la pletina empezó a fallar. Lo llevamos a limpiar un par de veces a una tienda cercana y aguantaba un par de meses. Otras usábamos alcohol en el cabezal. Eran soluciones rápidas que alguna vez funcionaban.
Después, leímos en una revista cómo calibrar la pletina con el tornillo famoso…. Poco a poco dejó de funcionar. Las cintas no cargaban o fallaban muchas veces y la reparación de la pletina era muy costosa.
Sobre 1994, con la adquisición de un PC (curiosamente con la misma excusa de estudiar y tal…), el Amstrad y todo el cajón de juegos se metió en una caja y se guardó.
Unos años más tarde, ya con internet en casa, quisimos recuperarlo. Pero mi madre lo había tirado todo sin decir nada. Como hacen las madres. Hubieran supuesto muchos euros en juegos perfectamente conservados ahora mismo.
El recuerdo de muchas tardes jugando y peleándonos, que para eso siomos hermanos, perdurará siempre. Un ordenador que nos hizo abrir puertas a mundos que desconocíamos y que nos ha llegado hasta aquí.
Ahora, aunque parezca absurdo, de vez en cuando cargo algún juego como «Bruce Lee» o «Carlos Sainz Rally» en Retroarch. Siguen siendo muy disfrutables. Otro de mis favoritos, «Match Day 2» es injugable…
